EL VIAJE

Me encanta viajar, como casi el 80% de las personas, disfruto conocer lugares, culturas, paisajes y experiencias en cada viaje.

Tengo la dicha de conocer espacios maravillosos, dentro y fuera de mi país, algunos viajes han sido inimaginados, otros muy planificados, unos memorables, algunos cortos, eternos, placenteros, agradables y otros borrados del recuerdo una vez regreso.

Te contaré sobre mi último viaje: tengo varios años practicando yoga, adentrándome a la filosofía, descubriendo la magia que lo envuelve e incorporándolo a mi estilo de vida, pero nunca pensé que el universo, el destino y mi propia intención, me llevarían a la India. La verdad, no fue una meta de años, tampoco un sueño por el que me desviví, pero fue una de mis mejores realidades; viví el yoga de cerquita, justo en la cuna de esta práctica ancestral; Rishikesh, la capital universal del yoga recibió a este amarillo que expectante y emocionado llegó a uno de los países más grandes y enigmáticos del mundo.

Fue un viaje inolvidable, una experiencia transformadora que potenció mi esencia amarilla, como una crisálida que abre sus alas y se convierte en una mariposa. Así retorné a casa, con más luz que nunca, con más ganas de inspirar que siempre. A mi llegada dije: “Dios se botó con la India”, ¿Por qué?, porque ese país es como el ser humano, para encontrarla, debes hacer un largo recorrido (en mi caso, meses de preparación, ocho aeropuertos, once aviones, treinta y dos horas de vuelo), con innumerables desafíos (cambio horario de nueve horas, tres idiomas en interacción y muchas especias en la alimentación), al llegar, te encuentras un territorio dividido entre el misticismo más espléndido, la más opulenta riqueza y un gran caos social con innumerables agentes de contaminación.

Así somos los humanos, nos cuesta encontrarnos, descubrirnos en lo bueno y lo malo, aceptarnos en la sombra y el resplandor. Regresé fascinado y tranquilo, el acelerado ritmo hindi, su devoción y sus deslumbrantes espacios de paz, alternados con el bullicio y la sobrepoblación, me acercaron al Alfredo que decidió viajar mucho a lo interno, a su propio mundo de paz y tiniebla, porque podemos recorrer el mundo para al final reconocer que el mejor viaje de todos será disfrutar nuestra divergencia, convivir nuestras manías, fotografiar nuestra sabiduría y recordar nuestra energía.

AlfrejÖ, Equilibrio y Productividad

#SoyAmarillo

Marzo, 2019.

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